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Los retos de la desmovilización y el desarme

Por Francy Carranza*

Con miras a la cada vez más cercana desmovilización de las FARC, es importante analizar algunos retos que habrá que enfrentar en el mediano y largo plazo: el dilema de seguridad al que se ven enfrentados los combatientes al dejar sus armas, el desmantelamiento de la estructura guerrillera, y el paso a la reintegración.

El Dilema de Seguridad

Al abandonar las armas los combatientes se exponen a ser atacados de manera oportunista por sus enemigos, por sus antiguos aliados o por el Estado mismo. Aunque frecuentemente se asume que estos asesinatos son causados por sus lazos con la criminalidad o que se trató de “ajustes de cuentas”, lo cierto es que también muchos excombatientes son victimizados justamente al rehusarse a unirse a grupos criminales, para evitar que hablen o para impedir su participación en política. Entonces se enfrentan a un dilema de seguridad: entregar las armas y exponerse a que los maten o conservarlas para protegerse, así el grupo se haya desmovilizado.

Lamentablemente la larga historia de desmovilizaciones en Colombia abunda en el asesinato sistemático de los excombatientes, en particular de sus líderes: luego de desmovilizarse el guerrillero liberal Guadalupe Salcedo fue asesinado por la policía, y el exparamilitar Ariel Otero cayó a manos sus mismos compañeros. No sobra tampoco recordar el homicidio de numerosos miembros de Esperanza, Paz y Libertad y o de la Alianza Democrática M-19, algunos a manos de paramilitares, narcotraficantes y guerrillas, otros a manos del ejército, la policía y el DAS. Más recientemente, según cifras de la misma policía, entre el 2001 y el 2010, casi 2.300 desmovilizados fueron asesinados.

El riesgo por tanto es real, y la simple “confianza entre las partes” no es suficiente. Un desarme exitoso depende de que se resuelva este dilema, que a su vez va de la mano con fortalecer el monopolio de la fuerza: los rebeldes renuncian a su actividad armada a cambio de que el Estado les garantice la vida y la participación política.

Desmantelamiento de las FARC

Se ha asumido que el desmantelamiento de los grupos armados y rebeldes es una manera de prevenir un eventual rearme durante el posconflicto. Por el contrario, mantener la cohesión, el orden social y las jerarquías del grupo resulta fundamental para la desmovilización y el desarme: por un lado un fuerte control social por parte de las FARC sobre sus miembros permitirá controlar las disidencias. Por el otro, los canales de comunicación y mecanismos de acción colectiva de las FARC ayudarán a prescribir y orientar los comportamientos individuales de cada uno de sus combatientes durante la fase de transición a la vida civil. Además, las redes sociales creadas por los mismos excombatientes pueden convertirse en mecanismos de apoyo y solidaridad en la civilidad.

Sin embargo, no todos los combatientes participarán del movimiento o proyecto político de las FARC, ni seguirán las órdenes de sus comandantes ahora convertidos en líderes políticos o civiles. Es en la tercera fase del proceso, es decir durante la reintegración, que este orden militar autoritario y vertical se rompe progresivamente, y los excombatientes son introducidos en el orden social más horizontal que caracteriza a las relaciones democráticas entre ciudadanos. Esto dará pie a nuevas jerarquías más apropiadas para la vida civil, y al mismo tiempo seguramente se opacarán aquellos comandantes que no logren transformar su liderazgo militar en uno menos autoritario.

La reintegración

Mientras la desmovilización y el desarme son eventos puntales y a corto plazo, la fase de reintegración es un proceso a largo plazo en donde los combatientes se transforman en civiles (dejan las armas) y en ciudadanos (crean una relación mutua con el Estado). A nivel internacional los programas de reintegración se enfocan en ofrecer actividades para la reintegración económica de los excombatientes: alfabetización, educación básica y secundaria, o cursos vocacionales. Sin embargo, aunque la dimensión económica es importante, no es suficiente para una reintegración exitosa.

Como en cualquier otro tipo de socialización, la educación se trata solo de aprender competencias ni aptitudes, ni de cursos de formación para el trabajo o capacitaciones aisladas, sino del acceso a herramientas cognitivas y relaciones que ofrece el entorno social específico. Por tanto, las dimensiones sociales y políticas resultan aún más importantes para la transformación de combatientes en ciudadanos. Es entonces fundamental, la creación de tejido social con las familias y comunidades por un lado; y el acceso a los mecanismos y prácticas democráticas con el Estado por el otro.

Los procesos de desmovilización son en su esencia procesos que producen profundos cambios políticos. En últimas apuntan al fortalecimiento de un Estado que pueda garantizar la seguridad, la participación política y los servicios a todos sus ciudadanos, incluyendo a quienes otrora fueran sus enemigos.

 

*Investigadora del Observatorio. Este artículo se construye con base en la tesis de Doctorado Buiding Citizens: DDR in Colombia 2002-2010. SOAS, University of London

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